Espiritualidad
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La importancia del autoestudio |
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Escrito por Nacho
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Jueves, 09 de Julio de 2009 11:30 |
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Mediante el autoestudio viene la comunión con la deidad elegida por uno. Observarse a uno mismo es una de las herramientas más importantes para el crecimiento personal. Las principales dificultades que se nos plantean son dos, el poder asumir un punto de vista objetivo a la hora de observarnos (permanecer como una persona externa a mi, observándome sin emitir juicios), y desarrollar la suficiente humildad para poder reconocerme lo que verdaderamente soy, dejando caer los patrones anticuados que creemos ser o las máscaras que nos ponemos para hacernos creer que somos de una manera concreta, con el fin de ser aceptados en un ambiente determinado.
Normalmente, con la educación que muchos hemos recibido y en especial la educación religiosa que es la que se ha encargado de educarnos en el camino espiritual desde pequeños, hemos aprendido unos valores que muchas veces no representan a dichas filosofías o religiones como por ejemplo utilizar ciertos sacramentos o celebraciones como un evento social en el que demostrar el poder adquisitivo o el estatus social. En otras ocasiones la obligatoriedad de hacer otras cosas, desvirtúan el verdadero significado de la acción. |
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Última actualización el Jueves, 09 de Julio de 2009 11:34 |
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Escrito por Sadhvi
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Jueves, 09 de Julio de 2009 10:56 |
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Que todo está cambiando continuamente es un hecho, otra cosa es que seamos conscientes de ello. Y cuando digo conscientes, me refiero a ser capaces de asumir y aceptar estos cambios. Y cuando digo capaces, me refiero a tener la suficiente madurez y experiencia para saber que la vida es a veces tormenta y a veces calma, alternándose siempre estos dos estados.
La vida es un flujo continuo de cambios, pero nuestra mente crea un modelo de lo que debería ser nuestra vida, como si lo que deseamos ahora fuera a ser exactamente siempre lo mismo. Según pasa el tiempo, cambiamos nosotros, nuestros objetivos y nuestro modelo ideal de vida, e incluso nuestro planteamiento de cómo debería ser el mundo, sobre todo si nos acercamos a lo que “siempre habíamos soñado”.
Filosofía a parte, y pasando a cómo vivimos a nivel práctico, en el día a día, pienso y siento que lo importante es darnos cuenta de qué es lo que nos motiva a hacer las cosas, qué es lo que esperamos conseguir y con ello podemos justificar nuestros esfuerzos y enfrentamientos con todo lo que suponga un obstáculo. Ello requiere un alto grado de sinceridad y humildad con uno mismo, porque supone volver a lo que tantos maestros espirituales denominan “el aquí y el ahora”. |
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Última actualización el Jueves, 09 de Julio de 2009 11:02 |
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Escrito por Ma. Elena Ferrer
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Sábado, 28 de Febrero de 2009 19:07 |
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Creamos a través de la meditación. Todo lo que somos es el resultado de ella. La meditación es el estado de desear algo bello, con el amor como agente motivador. No es simplemente “sentarse” y estar “quieto”. Algunas personas tienen la idea de que la meditación es solamente un tiempo para sentarse en quietud: con la espalda recta, los ojos cerrados, las palmas de las manos hacia arriba y no hacen nada, o tratan de no hacer nada, esperando nada, “practicando” la meditación. ¡Durante horas! Con el debido respeto a quienes practican esto, en nuestra sociedad occidental no lo consideramos meditación, sino el abrirse a una evasión psíquica, e incluso a veces, al deterioro de la personalidad. Está bien ser perceptivo, pero ¿a qué? No es conveniente estar completamente perceptivo a cualquier cosa que se presente. En los niveles psíquicos se confeccionan formas de pensamiento de todo tipo y abrirse a ellas indiscriminadamente no suele ser saludable. Cuando meditamos buscamos el acercamiento hacia una percepción superior. Por tanto, la actitud adecuada será la de querer saber algo, buscar información. Obtener la verdad, ver la realidad, saber cómo manejarse mejor, cómo comprenderse y comprender la vida. Una cosa a la vez y lograr albergar paz en el corazón. |
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Última actualización el Jueves, 09 de Julio de 2009 11:01 |
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Escrito por María Silvestre Marco
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Domingo, 30 de Noviembre de 2008 20:32 |
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Abrazar «los ocho brazos del yoga» sintetizados por Patanjali, implica una transformación humana de dimensiones extraordinarias, sin duda la que comprometen al ser humano a encontrarse con su verdadero Ser. Su seguimiento, no como un dogma sino como una verdadera enseñanza y experiencia holística, ha sido recorrida por innumerables de maestros espirituales –y no tan maestros– de tradición oriental. Las reglas o consideraciones que se plantean en «los ocho brazos» afectan integralmente a la existencia de aquél que toma ese camino y las dudas ante la capacidad para seguirlas serán numerosas.
En un primer momento, las reglas de Yama, como la no-violencia, el no robar, el brahmacharia, etc... se asemejan a «Los 10 mandamientos de la Ley de Dios», lo que ayuda a complementar nuestras «normas de conducta» en el contexto personal y social; sin embargo, es necesario profundizar en el verdadero sentido de Yama para no quedarnos en una mera actitud superficial de civismo. Al aceptar plenamente la Ahimsa nuestra atención hacia el ejercicio del bien hacia todos los seres, de pensamiento, palabra, acción u omisión comprometerá nuestra vida de manera global. Comprometidos pues en que ese bien, también es hacia nosotros mismos y por tanto deberíamos ser conscientes de que actitudes egoístas, afán de lucro, autoengaño, pasiones desenfrenadas –satya, asteya, bramacharia, aparigraha–, aunque puedan «satisfacer» aparentemente nuestro orgullo, no hacen sino alimentar precisamente aquello que deberíamos «matar de hambre». ¿Pero cómo conseguir aplacar la incansable voracidad de nuestro orgullo? Parece «la pescadilla que se muerde la cola». |
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Última actualización el Lunes, 01 de Diciembre de 2008 21:30 |
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